viernes, 6 de agosto de 2010

Del Acorazado Potemkin a El Padrino
El “pensamiento único” en el cine
Eligiendo las ‘cien mejores películas’ -como lo propone el diario El País- lo que la gente del cine pone en evidencia es un listado de las cuestiones que más preocupan, tras la primera década del nuevo siglo. Y en ese registro se pone en evidencia las obsesiones y temores que dominan nuestra época, frente a los que se imponían en el lejano (aparentemente) siglo pasado…
Horacio Eichelbaum / Periodista
Nacido en Buenos Aires, es periodista y escritor residente en España. Autor del libro Un planeta a la deriva. Progreso y democracia, mitos del poder global. Actualmente escribe una columna semanal en La Opinión de Málaga.
Una de las grandes distorsiones que padecemos –algo así como una miopía universal- es la de ver la realidad condicionada por los prejuicios, prohibiciones e imposiciones que configuran el ‘pensamiento único’. Siempre parecen dejarnos un amplio abanico de posibilidades y negarnos sólo una opción: se puede ser feminista de modo radical o moderado, se puede respaldar o no la legislación que penaliza a los hombres de modo discriminatorio en los casos de violencia en los hogares… lo que no se puede es ser machista. ¿Qué pasa cuando alguien es ideológicamente machista… sin matar a nadie, sin pegar a nadie, pero machista? Si no hay forma de darle un poderoso trallazo con el Código Penal, se le someterá a una persecución social que por lo menos lo condenará al silencio. Me da vergüenza aclarar que no soy machista: toda mi vida consideré a las personas como iguales entre sí, pertenecieran a uno u otro sexo y hoy sigo pensando y actuando de la misma manera, aunque las opciones sexuales se hayan multiplicado. Un machista me produce rechazo visceral pero soy capaz de hacer un esfuerzo para dialogar con él y tratar de convencerlo. Temo que sea esa capacidad de diálogo lo que se está perdiendo, sea con un machista, con un aficionado a los toros o con un independentista catalán. El pensamiento único funciona así: uniformando.



Dos visiones: Potemkim, la utopía. El Padrino, las mafias.


En estos días se ha publicado una encuesta en la que cien directores, artistas y técnicos del cine hispanoamericano han elegido las cien películas “que cambiaron su vida”. O sea, que la pregunta incluye la respuesta, que quiere apuntalar al cine como gran mito de nuestra época: no se trata de las que más gustaron sino que, por cojones, tienen que habernos cambiado la vida. Comentando la lista final, los directores no cesan en sus burlas sobre estas ‘encuestas de verano’. Alguno recuerda que hasta hace un tiempo la número uno de estas votaciones solía ser ‘El acorazado Potemkin’, de Eisenstein. El dato sugiere la posibilidad de vincular la nueva votación a temores y obsesiones que se imponen en nuestra época frente a los que dominaban antes: cuando ‘Potemkin’ encabezaba las votaciones todavía alimentábamos utopías.
‘El Padrino’ (y sus secuelas) es la abrumadora vencedora. Parece difícil creer que sea casualidad cuando vemos el poder que siguen teniendo las mafias en Estados Unidos, los ‘cárteles’ del narcotráfico que parecen ser el gobierno paralelo en México y en Colombia, y el poder omnímodo que los mafiosos siguen ostentando en tantos sitios, como en Italia o Rusia… Pero no se trata solamente de las mafias constituidas ‘formalmente’ como tales sino del estilo y la conformación mafiosa que tiene el entramado de poder que gobierna el planeta. Para confirmarlo, ahí está la inefable ‘Ciudadano Kane’ (3ª de la lista), siendo, como lo es, el más fiel retrato del papel de los medios de comunicación –el poder del dinero- en ese mafioso entramado. Otra de las grandes preocupaciones es el incontrolable futuro al que tratamos de conjurar mediante la ciencia-ficción: la número cinco, ‘Blade Runner’, ‘2001, odisea del espacio’ (puesto 21) y varias más. Asunto también principal, el de la corrupción, se desliza en muchas de las películas elegidas, como en la número dos de la lista, ‘El apartamento’.


El ciudadano y la legendaria actuación de Orson Welles y Blade Runner, clásico al igual que 2001, Odisea del Espacio de la ciencia ficción.


Aparecen cuestiones menos estremecedoras o simplemente más divertidas, aunque traen una carga que está igualmente en el centro de nuestras preocupaciones de hoy: los profundos cambios en las costumbres que se insinúan en ‘Con faldas y a lo loco’ (la cuarta) o la siempre poderosa atracción del pasado como paraíso romántico perdido: ‘Lo que el viento se llevó’. No sé si estas películas le cambiaron la vida a los que las votaron pero es bastante evidente que, en general, tratan asuntos terribles que nos cambiaron la vida, a nuestro pesar, a todos los habitantes del planeta.

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